domingo, 19 de abril de 2015

15.- PERDICES CON TOMATE


RECORDS DE LA MEUA INFÀNCIA. PUBLICAT EN EL DIARI LES PROVÍNCIES
18-10-2014.  






   Eran las cuatro y media de la madrugada y se oían ruidos por la casa. Mi abuelo, que no había podido dormir en toda la noche, deambulaba  de un lado para otro,  comprobando pues, que en  el “sarnacho” no le faltara nada. Comprobó su navaja, una hogaza de pan con un trozo de tocino, y una caja de cartuchos que él mismo había rellenado. La cosa no daba para más. La economía del ahorro y las propias necesidades, hacían que no estuviera para gastar más de lo justamente necesario.  Un domingo de caza acababa de empezar.

 Jeni , que así se llamaba su fiel perra Braca, ya había intuido desde el corral que se estaba preparando una larga jornada, junto a su amo. Lanzaba un leve lloriqueo de ansiedad para que le abrieran la puerta y juntarse con su amo. Sabía ya que una jornada de campo le esperaba.

Con la escopeta colgada al hombro, su perra y con cara de felicidad inexplicable, se fue al encuentro de un día de campo para disfrutar de lo que más le gustaba,  la naturaleza y la caza.

A su regreso, escarbé el “sarnacho” y allí estaban, dos preciosas perdices machos   que certificaban que mi abuelo era uno de los mejores cazadores de los alrededores. No era fácil en estas tierras montuosas abatir una perdiz brava. Paciencia, suerte y coraje tenías que tener.

En poco tiempo ya estaban peladas, soflamadas, troceadas en cuartos y sal pimentadas. Serían la componenda de un suculento guisado de, PERDIZ CON TOMATE.

Preparó la olla con abundante aceite de oliva, sofrío  los ajos y los retiró. A continuación hizo lo propio con los trozos de perdiz previamente salados - a fuego medio- hasta que estuvieron bien doradas. Puso abundante  pimentón molido y removió. A continuación echó abundante tomate rallado, una ramita de ajedrea verde, tapó para que no perdiese de momento agua, pues debían cocerse con la propia del tomate. Rectificó de sal. A media cocción con la cazuela tapada, puso unas guindillas sin marearla mucho y poder así retirarla más tarde.

  El guisado quedó sólo con el aceite y el abundante tomate bien frito que mojamos con ese maravilloso pan de pueblo.

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