viernes, 17 de abril de 2015

12.- POLLO ESCABECHADO


RECORDS DE LA MEUA INFÀNCIA. PUBLICAT EN EL DIARI LES PROVÍNCIES
27-09-2014.  





   Había refrescado. La lluvia, que había sido escasa durante todo el verano, asomaba desde el cielo. Mi abuelo había tapado con cañizos una arcada del riurau y había bajado la persiana de caña (canysola) en otra para resguardar la estancia.  Sentado en una silla baja, con un tronco entre las piernas que le hacía de soporte, se dedicaba a romper las almendras  que  no se habían podido pelar (corfuts), aguantando una a una entre los dedos y con un golpe  de  martillo las partía con muchísimo cuidado de no romper la semilla ni machacarse los dedos. 

   Parecería una pérdida de tiempo, pero no. Era su tesoro preciado y me explicaré. Una vez partidas las almendras, separaba la semilla de la cascara dura y las ponía sobre un cedazo que pasaba por encima de un caldero de agua hirviendo (vapor) sin parar de remover. Con ello conseguía quitarle fácilmente la fina piel que le quedaba y se mostraba de un blanco reluciente. Perlas las llamaba. Después  las ponía a secar sobre un cañizo de caña fina al sol, para así quitarle la humedad.  Ese fruto blanquísimo de la almendra soleado era garantía de dinero seguro. 

   En cualquier horno de pan se pagaba a muy buen precio, pues una vez molido, les servía para la elaboración de las pastas artesanales con almendra.

   Mi abuela tenía cocinado de buena mañana, pollo en escabeche. Había troceado la carne, la salpimentó, la había dorado bien en abundante aceite de oliva añadiendo unos ajos machacados con su piel. Abundante cebolla cortada a cuartos y cuando estaba dorada, puso unos granos de pimienta negra, unas hojas de laurel  y echó un vaso de vinagre de vino blanco y espero que evaporase un poco, después puso un  vaso y medio de agua del pozo. Dejó cocer  sobre quince minutos para ligar los sabores y retiró del fuego. Al medio día estaría al punto para comer.

   La lluvia seguía cayendo sin prisas. Era como debía, pues así penetraría en la tierra aún seca sin que se desaprovechara. La huerta daba sus últimos frutos y pronto se daría una nueva labor, para sembrar las habas que vendría por semana santa.

   El olor a tierra mojada despertaba mis sentidos, el otoño había llegado casi por sorpresa.

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