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sábado, 6 de febrero de 2021

CUSCÚS


El cuscús, cous-cous, alcuzcuz o kuskusús, es un plato tradicional, nadie lo duda, de la cocina del norte de África, a base de sémola de trigo duro. En realidad se elabora con una mezcla de harinas de varios cereales: trigo candeal, mijo en grano, sémola, y harina de arroz, que se mojan para conseguir una mezcla y más tarde ser cocidos en un horno al vapor y secados posteriormente. El resultado son esas bolitas llamadas cous-cous.

El cuscús, se llama “t’aam“ en árabe Y es el plato nacional de los tres países del Magreb, Argelia, Marruecos y Túnez.

Los elementos básicos son los mismos, sémola y caldo o marga, pero los ingredientes pueden variar según de que país se trate.

En Argelia el alcuzcuz va acompañado de garbanzos, de habas, de una gran cantidad de legumbres y hortalizas (alcachofas, calabacines, patatas, berenjenas, cardos, hinojo, guisantes) e incluso en algunas ocasiones de carne.

El mesfuf alcuzcuz preparado con habas frescas y uvas pasas está reservado para las comidas del alba en el mes del Ramadán. Se come bebiendo suero de leche (leben) o leche cuajada (raib).

El cuscús sahariano es servido sin legumbres, ni caldo. En Túnez, puede hacerse con conejo, con perdigones o con carnero, pero en todo caso incluye como ingrediente los garbanzos.

El más conocido por nosotros es el de Marruecos, que se suele acompañar de carnero o de pollo. Generalmente se sirve con dos caldos: uno para remojar la sémola, y otro para darle gusto lo que se consigue sazonando con guindilla roja. Los numerosos ingredientes entre los que figuran nabos, calabacines, pasas, garbanzos y cebollas, se someten a una cocción prolongada que los reduce a una especie de confitado. 

Gran parte del sabor se debe a las especies que se ponen en la elaboración de este plato. Generalmente las especias, el “ras-al-hanut”, que no es más que una mezcla de especias. Aunque no existe una receta única del ras el hanout, cada vendedor o cocinero lo elabora de una forma especial que le caracteriza, pero su composición suele incluir como mínimo: pimienta negra, comino, cardamomo, nuez moscada, canela, pimentón, jengibre…

En Francia, Rabelais es el primer escritor que habla del cuscús que llama couscoussou en su novela Pantagruel (1532) y Alejandro Dumas, lo llamará coussou coussou en su Gran Diccionario de cocina (1873). Siendo hoy uno de los principales platos de la cocina francesa.

Curiosamente las primeras recetas tradicionales de cuscús de Europa se encuentran en las islas de Sicilia y Cerdeña en Italia y son de influencia tunecina. En la provincia de Trapani, el cuscusù es un plato muy típico que muchas familias siguen preparando el grano de forma tradicional que se sirve acompañado de una sopa de pescado.  

En Cerdeña existe una versión del cuscús a base de verduras, el cascà también de origen tunecino que remonta a la colonización por el pueblo Carloforte de un pequeño territorio en Túnez de 1540 a 1738, en la isla de Tabarka.

En el año 1464 el valenciano Joanot Martorell lo mencionará como cuscussó en el Tirant lo Blanch cuando explica que unos caballeros “foren ben servits de gallines e capons e de faysans, de arroç e cuscussó”.

Lo encontramos también en El retrato de la lozana andaluza (1528) de Francisco Delicado con el nombre de alcuzcuzú y hasta en el Quijote de Cervantes como alcuzcuz.

El cuscús llegó a ser un plato muy apreciado en Al-Andaluz (Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha…), siendo muy conocidas las recetas de ida vuelta con las variantes que facilita la tierra en cada lugar como lo muestra el hecho de que exista en castellano antiguo una palabra para denominar este plato: alcuzcuz. La primera receta de cous-cous que se conoce la encontramos en un libro de cocina del Al-Andalus, la Andalucía musulmana del s. XIII, durante el reino Nazarí de Granada.

En lo que coinciden casi todos, incluida la Biblia gala de la gastronomía, el “Larousse Gastronomique” (pp 400-401), es que el cuscús tiene origen bereber, pero si lo reconocemos también como plato hispanoárabe desde el siglo XIII, según escribe el gastrónomo y periodista Pedro Nuño de la Rosa, “tal y como lo conocemos hoy en día en algunas de sus muchas recetas ­-refiriéndose al cuscús- especialmente elaborado con calabacín, pimiento y tomate, forzosamente debió elaborarse tras el “redescubrimiento” de América, y, no menos probablemente, llevado a Orán y Túnez desde el Reino de Valencia, donde los mahometanos moraban desde siglos antes hasta ser embarcados obligatoriamente al destierro. El mayor número de moriscos hispanos deportados en 1609-1610 desde puertos valencianos al Magreb, y asimismo el clima y los feraces vergeles de Levante peninsular (“una huerta es un tesoro si te la cultiva un moro”, decía el refrán castellano) pueden explicar cómo se enriquece el cuscús norteafricano con estas verduras recién arribadas del Nuevo Continente a partir del XV”.

El cuscús en definitiva, forma parte de nuestra cultura gastronómica, de nuestro territorio, y no en pocos municipios su elaboración es cotidiana.

Particularmente es un plato que me fascina. Vamos a cocinarlo a mi manera.

Para ello, necesitaremos para 4 personas los siguientes ingredientes:

De carne: un jarrete de cordero, un ossobuco de ternera y un cuarto trasero de pollo.

Verdura: 2 zanahorias, un manojo de judías verdes, un calabacín, un pimiento rojo y uno verde, 1 nabo y un nabicol pequeño, brócoli y apio.

200 gr de garbanzos remojados de la noche anterior.

Dos cucharadas de especias “ras el hanout”, al gusto.

250 gr de sémola para cuscús de grano mediano.

Agua, sal, aceite.

Elaboramos:

Lo tradicional sería disponer de una CUSCUSERA, que no es más que una cazuela compuesta por una olla inferior en la que se cocinan los acompañamientos (carnes y verduras) y en la olla superior, que tiene agujeros, se cuece la sémola de trigo al vapor.

Como no dispongo de ella, pondremos la carne a hervir en una cazuela. Espumamos, e introducimos los garbanzos, volvemos a espumar y añadimos el nabicol, nabo y el apio todo ello cortado en trozos. Salamos y añadimos la mitad de las especias.

Mientras se cuece, preparamos la sémola para el cuscús.

Mi truco. Ponemos la sémola en un bol, añadimos la misma cantidad de agua hirviendo, una pizquita de sal y dos cucharadas de aceite de oliva, removemos con la misma cuchara y tapamos sobre tres minutos. Abrimos y miramos si el grano a chupado el agua, si es así, lo dejamos abierto y esperamos dos minutos más sin tocar. Ahora con una varilla de batir o un tenedor vamos aireando y desliando la sémola hasta dejar completamente sueltos los granos.

Tenemos la carne ya hecha, añadiremos el resto de verduras cortadas, probamos de sal y añadimos al gusto el resto de especias que habíamos reservado. Entre diez y quince minutos apagamos el fuego.

Servimos, podemos hacerlo en una cazuela de barro poniendo en la parte de abajo la sémola y encima las verduras, los garbanzos y la carne. A parte en una sopera el caldo.

También podemos servir, como en este caso, por separado.

Particularmente me gusta poner en mi plato la sémola y el caldo agregando un poco de salsa picante que elaboro triturando ajos, picantes (guindillas) secos remojados en agua caliente, pimiento rojo, un tomate y pasta de tomate.  O si puedes adquieres la salsa tradicional magrebí Harissa. 


jueves, 29 de marzo de 2018

LA ÚLTIMA CENA DE JESÚS CON SUS DISCÍPULOS



De la cena de Jueves Santo, aparte del pan y del vino, poco se sabe que era lo que se comío. Pan y vino que según revelan las Escrituras, se transustanciaron en el cuerpo y sangre de Cristo, instituyéndose así la Eucaristía, sacramento fundamental de la Iglesia Católica. 

Pero sobre aquella mesa hubo aquel jueves más alimentos, todo según la tradición hebrea. 

Según diferentes fuentes, la reunión, que supuso el comienzo de la Pasión y Muerte de Cristo, se celebró, según los Evangelios sinópticos -los de Mateo, Marcos y Lucas-, al atardecer del «primer día de los ácimos», esto es, el primero de la semana en que debía comerse pan hecho sin levadura en la masa o ácimo. En el Pésaj o Pascua judía, que es la fiesta más importante de la tradición hebrea, este pueblo recuerda su salida y liberación de Egipto, y el pan que se emplea en ella es ácimo porque en la huida los israelitas no tuvieron tiempo de hacerlo con levadura. Por lo tanto no se celebró en jueves si no uno o dos días antes. 

Algunos creen que otro de los alimentos presentes fue el cordero pascual. De hecho, la Cena de Pascua de ese «primer día de los ácimos» consistía en comer este animal recién sacrificado de acuerdo con los ritos propios de esta festividad judía. Después de la Cena, Jesucristo, «Cordero de Dios», iba a ser igualmente inmolado para salvación de la humanidad entera. 

Pero en 2007, el Papa Benedicto XV anunció, con seguridad, que no se sirvió cordero en la última cena. La teoría del Papa es que la Última Cena tuvo lugar antes del sacrificio ritual de los corderos, que era una tradición de la Pascua común en la época de Jesús. 

Según algunos cuadros de la última cena, algunos pintores ponen delante de Jesús una fuente con hierba y otra con una salsa parduzca. Que debió de ser el Tzir, una variante de la salsa de pescado, el Garum romano. 

Catalina de Emmerich, monja agustina que a comienzos del siglo XIX experimentó una serie de visiones sobre la Pasión y Muerte de Jesús: Ella relató que vio «En medio de la mesa estaba la fuente con el cordero pascual. […] El borde de la fuente tenía ajos todo alrededor. A su lado había un plato con el asado de Pascua y al lado un plato de hierbas verdes, apretadas, puestas de pie como si estuvieran plantadas, y otro con manojitos de hierbas amargas que parecían hierbas aromáticas; luego, delante de Jesús, había una fuente con hierba verde amarillenta, y otra con una salsa parduzca. Los comensales usaban como platos unos panecillos redondos, y utilizaban cuchillos de hueso», confesó la religiosa al poeta Emmerich. Esta monja fue beatificada por Juan Pablo II en 2004, que también afirmó haber visto a Jesús mojando en la salsa un trozo de pan envuelto en lechuga. 

Sobre la mesa en la que se celebró la Última Cena también pudo haber sal, un importante conservante de alimentos en aquellos tiempos. Una creencia popular dice que el traidor Judas Iscariote derramó sal durante la Cena. 

La Biblia cuenta lo que ocurrió durante la cena, pero no especifica qué comieron Jesús y sus 12 discípulos. 

Comparando datos históricos y las pistas que proporcionan pinturas de las catacumbas del siglo III d. C., los investigadores y Arqueólogos, Urciuoli (arqueólogo del centro Petrie de Italia y autor del blog Archeoricette en comida antigua) y Berogno (Marta Berogno, arqueóloga y egiptóloga han logrado reconstruir los alimentos y los hábitos alimentarios de la Palestina de hace dos milenios. Basándose en sus estudios, los arqueólogos opinan que el menú de la última cena podría haber incluido algo más que pan ácimo y vino: un cocido de verduras llamado 'cholent', 'Jaroset' (un plato de sabor dulce) del que ya hablamos aquí, aceitunas con hisopo, hierbas amargas con pistachos y pasta de nuez. 

Hay que tener en cuenta que Jesús era judío". Él y sus discípulos observaban las tradiciones transmitidas por la Torá y sus prohibiciones respecto a los alimentos. 

Las hierbas amargas y el Jaroset son típicos de la Pascua, cholent se come durante las festividades, mientras el hisopo también se consumía a diario”, dijo Urciuoli. 

Aunque todas las pinturas ponen la celebración sentados en una mesa (símbolo del altar cristiano), estaban sentados en el suelo. 

Pero ¿No se comió pescado? Lo dejo en el aire. 

REUMIENDO: 

-- Pan ácimo y vino, está claro. 

-- Sal. 

-- Cordero, no está claro según algunas opiniones. 

-- Hierbas amargas y otras que no lo eran. 

-- Salsa que algunos dicen pudiera ser el Tzir, una variante de la salsa de pescado, el Garum romano y otros afirman que estaba hecha de pistachos y pasta de nuez. 

-- Un cocido de verduras o carne llamado 'cholent'. 

-- Jaroset (un plato de sabor dulce).

-- Aceitunas con hisopo. Arbusto o planta herbácea muy aromática que no debemos confundir con el utensilio litúrgico que utilizan los sacerdotes para bendecir. 


RECETA “CHOLENT ” 

Cholent de Carne. Foto Noblepig.

Para 6 a 10 personas. 

En una olla grande y honda, mejor de hierro. 

3 cucharadas de aceite 

1 cebolla 

2 cucharadas de azúcar 

1/2 a 1 kg de carne (picada o costilla) 

6-7 patatas 

1/2 taza de cebada 

2-3 cucharaditas de sal 

1/2 taza de alubias llamadas, porotos lima (manteca) 

1/2 cucharadita de pimienta 

1/2 taza de alubias normales 

Salsa de un pollo asado o carne para sabor adicional (opcional) 

Huesos de carne 

Agua 

Es un guiso que se cocina la noche antes de comerse. 

En una cacerola grande dorar el azúcar en aceite. Agregar inmediatamente 1 taza de agua. Pelar y cortar las patatas en cuadrados y agregar al agua. Lavar las alubias y la cebada y agregarlas a la cacerola. Agregar los ingredientes restantes. Agregar agua hasta cubrir la preparación. Llevar a hervor. Cocinar cubierto sobre a fuego muy bajo por 1-2 horas. 

Ya cocinado agregamos agua hasta cubrir el guiso, lo llevamos a hervir. 

Lo retiramos del fuego y lo dejamos cerrado cerca del fuego durante toda la noche para que se mantenga caliente y siga cocinándose muy muy lentamente. 

Variación: Sustituya la carne por 1 pollo o sin carne, sólo verduras. 

Obviamente, algunos ingredientes serían incorporados a la receta que conocemos hoy con posterioridad, puesto que no serían aún conocidos en aquellos tiempos. Las patatas por ejemplo, que  cultivándose ya 8000 años antes de Cristo en el sur del Perú y el altiplano Boliviano, no sería conocida hasta el descubrimiento de América varios siglos después e introducida en Europa y después al resto del mundo. 

domingo, 29 de enero de 2017

LIMONES CONFITADOS A LA SAL




Normalmente la palabra confitar la asociamos al azúcar o a la cocción suave en aceite de oliva. Pero en esta ocasión la utilizaremos para la sal.

Esta conserva es tradicional y de origen Egipcio, usándose en todo el Oriente Medio y sobre todo en la cocina Marroquí (L'hamd markad). También son muy populares en Italia, concretamente en Sicilia, donde la variedad de sus limones es muy apreciada.

Su función es la de acompañar platos tanto de carne como de pescado, siendo muy utilizado en los arroces que les aportan un toque cítrico. El líquido también puede ser utilizado para el aliño de ensaladas, de un pollo asado, carne de cerdo y regando el pescado en papillote tienen que quedar genial.

Podemos acompañar a recetas como por ejemplo, el pollo asado, Tajín de mero, Cuscús, ensalada de alcachofas, carnes y pescados a la plancha o al horno… 

Utilizaremos limones en muy buen estado y que no estén blandos en su punto de maduración justo. La piel debe ser de color intenso y brillante lo que denotará su frescura. 

Para la receta:

Un tarro de cristal de boca ancha

Limones

Sal marina gorda

Especias varias. 

Los lavaremos debajo del grifo con agua caliente, con esmero, la piel de los limones utilizando incluso una esponja por la parte dura, restregando bien y los secamos con un paño bien limpio.

Les hacemos dos cortes longitudinales en forma de cruz, sin llegar a partirlos para poderlos abrir lo necesario para introducir sal gorda en su interior. Podemos también hacerlos cortándolos en gajos o rodajas. En este caso, el proceso es más rápido y su consumo debe serlo también. 


Debemos esterilizar el tarro de cristal que vayamos a utilizar y manipularlo después con las manos bien limpias o usando guantes de látex. 

Cubrimos el fondo del tarro con sal.

Introducimos en los cortes de cada limón abundante sal y los vamos introduciendo en el tarro hasta llenarlo.


En cada capa iremos poniendo las especias que elijamos. El gusto y la imaginación de cada uno es importante llegado a este punto.

Se puede aromatizar con: Hojas de laurel verdes; clavos de olor; ajos, hojas de romero; pebrella; tomillo; canela en rama; granos de, cilandro, de cardamomo, de pimientas, cilandro, hinojo, eneldo, comino, pimienta de Jamaica, enebro; guindillas…


¿Mi gusto? Para seis limones, debo distinguir si su uso será para carnes o pescados. Para acompañar carnes: una sola hoja de laurel, un clavo de olor, unos granos de pimienta variada, una ramita de romero, otra de pebrella y de tomillo. Para el pescado, va bien el cilandro, el eneldo y el hinojo, que en este caso pondría trocitos de su tronco silvestre. Pero ustedes deciden la combinación. 

Ya tenemos los limones en el tarro ¿y ahora qué? 


a) Llenamos inmediatamente el tarro.

b) Podemos acelerar el proceso para acortar los tiempos de maceración si introducimos una tapadora más pequeña que quepa dentro de la boca del tarro, un vaso alto invertido encima de la tapadora o también nos sirve un tarrito de cristal y encima del vaso o tarrito un peso de un kilo para que los limones se aprieten y suelten su zumo. En este caso, los tendremos al menos dos días hasta que veamos que el zumo haya llenado la mitad del tarro.

c) Tapamos el tarro y lo dejamos en un lugar fresco y oscuro durante un día boca abajo y otro día, en posición normal. Habrá sacado menos zumo, pero no importa. 

Efectuado el proceso anterior, ahora tenemos que cubrirlos llenando el tarro, y podemos hacerlo de varias maneras: 

- Sólo con agua muy caliente (escaldado). 

- Mitad agua caliente y mitad de zumo de limones exprimidos. 

- Sólo con zumo de limón.

- Con aceite, bien oliva suave, de semillas o girasol. En estos casos, hay que llenar el tarro inmediatamente sin esperar a que suelte zumo. ¿Qué aceite usamos? Mi opinión, con aceite de oliva para acompañar carnes, y para pescados los de semillas o girasol. 

- Zumo de limón y terminar con aceite, que flotará y hará de protección.

Importante llenar hasta el borde, incluso que se salga un poco de líquido al tapar, evitando que quede cámara de aire en su interior. 

Una vez tapado, guardar en un lugar fresco y oscuro al menos durante un mes antes de abrir. Como más tiempo mejor. Puede durar más de un año sin abrir. Durante la primera semana, es conveniente ir dándole la vuelta al tarro cada día. Después lo dejaremos reposar. Una vez empecemos a utilizarlo, es conveniente guardarlos en la nevera. Recomiendo hacer varios tarros, etiquetarlos con la fecha e ir consumiendo escalonadamente. 


Deberá quedar un limón de consistencia suave y dura, ligeramente salado y con un aroma cítrico levemente especiado, pungente y aromático. La maceración produce un cambio importante, ablandando la piel de los limones y trasformando el sabor amargo, en un sabor y un aroma magnífico. La fermentación producida con la generosa ayuda de la sal lo ha convertido en algo extraordinario. La sal ha hecho que por osmosis los limones suelten sus líquidos. Pero recordemos que las bacterias no actúan bien en entornos de PH ácidos y ausentes de oxígeno, por lo que esta fermentación ocurre por levaduras, hongos y también por algunas bacterias como las anaeróbicas. Entonces ocurre algo parecido como en el proceso del vino. 

Nuevos sabores se forman gracias a los azúcares y aceites del limón. El líquido (agua, zumo o aceites) se encarga de repartir bien aquellos nuevos matices gustativos. 

¿Cómo los comemos?

Sacamos del tarro el limón y se enjuaga lo justo para retirar exceso de sal. Se seca.

Podemos separar la pulpa de la piel y utilizar solo la piel que cortaremos en tiras. La pulpa, entonces la desechamos o también la podríamos utilizar para algún coctel donde haya limón y sal, ¿alguien pensó en tequila? 


Si lo preferimos, podemos comérnoslo tal cual, con pulpa y todo, separando sus gajos.


¿Habéis pensado como yo, en hacerlo con naranjas y mandarinas? Ojo, utilizar siempre las de piel gruesa.