El amigo Ferrán y su mujer Banesa se han hecho cargo de un mítico restaurante de recuerdos imborrables. Recuerdos de cocas al horno, a carnes a la brasa y embutidos típicos de La Marina.
Mantiene su conocido restaurante Arrels dentro de la población de Gata, y ahora, alejándose de lo urbano han buscado un nuevo entorno para aquellos que quieran probar una cocina auténtica mediterránea. Brasas y horno jugarán un papel fundamental en el sabor auténtico de su cocina con ingredientes de cercanía.
Una casita antigua con vistas al montgó, con solera de años de restaurante, que después de pasar sus altibajos y diferentes propuestas abre de nuevo sus puertas. Una sala con chimenea, que te invita a sentarte y una terraza coqueta que de seguro hará las delicias en este caluroso verano que se avecina, son el lugar elegido para su nuevo proyecto.
Ferrán, alma inquieta donde las haya, sufre si no da a conocer su talento culinario y le agrada que se lo agradezcas. Le agrada que le transmitan su satisfacción al probar sus platos porque Ferrán y su atenta mujer, son restauradores por vocación, de raza. Banesa no pierde detalle en sala para que todo funcione perfecto.
Carta extensa, como no podía ser de otra manera, que de seguro hace bailar a más de uno en cocinas, aunque Ferrán tenga técnicas aplicadas que hacen más llevadero el servicio: Preparados, precocinados, vacíos… que no quitan un ápice el resultado final de su cocina auténtica. Él no engaña.
Nos tomó nota de lo que nos apetecía probar y al final… que el arroz al horno hay que probarlo, que aquello también…
Empezó por servirnos una coca de pasta bona con cebolla caramelizada, manzana y polvo de foie, que nos quitó el sentido, literalmente hablando. No he probado algo tan delicioso en años. Textura, cebolla lenta de mil horas a baja temperatura… Un bocado sinceramente muy logrado.
Siguió con una flor de alcachofa, con huevo poché i foie. Que si me había quitado el sentido lo anterior, esto me dejo noqueado. Alcachofa en su punto, resaltando el aceite de oliva… y ya cuando rompes el huevo, su yema … Una combinación en boca… y ni os cuento cuando recoges con cuchara el resto, el poso integrado de sabores… un final apoteósico.
Quiso que probáramos su arroz al horno de leña y aunque no soy muy partidario de la variedad bomba, tenía su cosa. No quedó ni un grano.
Su plato “Rostit de la güela” me confundió. Pues pensé que se trataba del típico asado de berenjena y pimientos, y se trataba de un muslo de pollo en cazuelita, con base de cebolla, manzana, patata… y canela. Receta de la familia que no me desagradó aun sin ser muy aficionado a la canela en los guisos.
Por último, un entrecot a la brasa con sus acompañamientos, regado con un Ribera del Duero Pago del Cielo, joven, como a mi me gustan.
De postres, nos hizo probar su tarta de manzana del Perelló caliente con helado; la tarta de la abuela con base de galleta, nata, oreo y caramelo y por último, su Tiramisú valenciano con bizcocho de soletilla bañado en Cremaet rematado con crema de naranja servido en vaso. Totalmente recomendado. Si tuviera que elegir me quedo… con los tres, pues ninguno estaba empalagoso y en su punto de dulzor.
La auténtica comida, el buen hacer de mi amigo Ferrán y a la atención de Banesa, les auguro un éxito asegurado. Gracias por vuestra atención.
RESTAURANTE
CUADROS 45. Abre para servicio sólo de comidas de jueves a domingo, y ofrece
además cenas, los viernes y sábados. Permanece cerrado los tres primeros días
de la semana. Recomiendo hacer reserva previa.
Para ver su carta, pincha AQUÍ.


























