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martes, 15 de octubre de 2024

SOFREÍR EL ARROZ, ¿TRADICIÓN O MITO?

 


Cuantas veces hemos oído hablar que los alicantinos sofreímos el arroz y los valencianos no. Que para un poco de pique, los alicantinos dicen que los valencianos cocinan arroz hervido y que no tienen ni idea, y así no se hace…

Hace ya tiempo que tenía ganas de escribir sobre este peliagudo tema, porque lo cierto y verdad es que existe un desconocimiento total sobre el tema.

Porque, ¿Para qué sirve sofreír o tostar el grano de arroz?

Primero fijémonos en el grano de arroz, que es bastante más complejo de lo que parece a simple vista. Está compuesto de varias capas, cada una con una función específica y aportando diferentes nutrientes.

La cáscara o capa exterior del grano; el cilindro o salvado, que es la piel que recubre al propio grano y lo mantiene como integral; después está el endospermo que representa el 80% aprox. del peso del grano y contiene las proteínas y carbohidratos complejos, básicamente el almidón; y por último el embrión, que es una pequeña parte del grano por donde germina la planta del arroz.

Diferenciamos entre el arroz integral y el arroz blanqueado. El primero conserva la capa de salvado y por lo tanto contiene más fibra. El blanco, en cambio, se somete a un proceso mecánico de refinado o pulido en el que se elimina el salvado, para sacar el máximo provecho gastronómico del grano, cuando lo cocinemos.

Arroz variedad Marisma

Nos adentrarnos ahora en la composición del grano de arroz ya pulido y listo para cocinar, con sus características y propiedades, sin detenernos de momento en las distintas variedades.

El almidón del grano de arroz está formado por dos hidratos de carbono: la amilosa y la amilopectina. La diferente proporción entre ambos es lo que determina básicamente su dureza, textura, capacidad de absorción de sabores y cremosidad, datos a tener muy en cuenta en función de la variedad de arroz que se cocina.

De ahí la gran importancia de conocer las distintas variedades de arroz que vayamos a cocinar y sus características. No todas las variedades retienen igual los sabores, ni necesitan la misma proporción de caldo, ni tiempo de cocción, ni el mismo método de trabajo… Con cada variedad se obtendrá unos resultados gastronómicos diferentes, una vez se cocinen y se dejen reposar, antes de poder disfrutarlos.

Así lo quisimos comprobar hace un tiempo en una jornada gastronómica en el Tancat de l’Estell, organizada por Juan Valero, gerente del Arroz Tartana, donde se elaboraron tres arroces con idénticos ingredientes: pato de la Albufera, habas y alcachofas, y la misma variedad de arroz, Albufera D.O.P. “Arroz de Valencia”, pero con procesos de cocción distintos.

Un arroz al horno cocinado por Germán y Bernabé del @chefdelgarito (IG), un arroz meloso por Héctor @elchefkent y Raúl de @arrocesconestilo y por último, un arroz seco en paella por Nacho del grupo de Facebook “Locos Por Los Arroces” junto a JoséZafra de @pasionporlapaella.

Los allí presentes, Juan Carlos Galbis, Raúl Magraner, Juan Valero, José Zafra, Santos Ruiz… y yo mismo, llegamos a la conclusión de que el arroz variedad Albufera hoy día es el más versátil para trabajar en cocina con cualquier tipo de elaboración. Con una gran absorción de los sabores, un excelente reposo sin pérdida de su estructura, y una textura en boca formidable, suelto y jugoso a la vez.

Arros Tartana variedad Albufera

Por otro lado, actualmente, para un arroz meloso, un caldoso, un risotto, incluso para paellas de capa fina, tenemos también a nuestra disposición otro grano de arroz maravilloso, que es la variedad Marisma. Con una absorción de sabores difícil de superar, un toque cremoso en boca maravilloso, y un grano muy grande, que viste excelentemente las elaboraciones.

Arroz Tartana variedad Marisma


Ambas variedades se pueden comprar en Supermercados Consum y Supermercados Masymas, y demás tiendas especializadas.

Pero volviendo al tema que nos ocupa hoy, en la tertulia posterior que tuvimos durante la jornada, puse sobre la mesa y se trató, entre otros temas, la diferencia, necesidad o no, entre sofreír el arroz o no hacerlo.

Primero, a tener en cuenta que, si nacaramos el arroz, es decir, lo calentamos y embadurnamos con aceite en la paella, sin ningún tipo de ingredientes que contengan agua como el tomate, se produce una reacción química en el grano que genera una estructura estable alrededor (no pegajosa) de tonalidades marrones. Debido al calor seco aplicado, las moléculas de almidón del arroz se abren, facilitando que los granos una vez se cuezan, queden separados entre sí. A su vez, la coloración obtenida se debe a la reacción de Maillard, que aporta sabor a la elaboración.

De todas maneras, tampoco vamos a notar grandes diferencias en boca entre un arroz nacarado (o no) siendo que se cuece con posterioridad en un caldo con distintos sabores y aromas en función de la receta. Otro cantar sería si el arroz se hirviera exclusivamente con agua pura. Lo que sí puede suceder es que el arroz previamente nacarado, requiera algo más de tiempo de cocción, al haber sido encapsulado en aceite.

Por rematar, estamos más ante un debate más bien de tradiciones que otra cosa, mitificado en exceso, en torno al que se mantienen aún muchas aseveraciones, a veces sin fundamento, que si bien algunas ciertas, otras no lo son. Y en la práctica, no es una cuestión que marque realmente una notable diferencia en el éxito final del cocinado de un arroz en paella, siempre que la cocción del arroz en el caldo, sea la correcta.

 *Con la inestimable colaboración de Juan Valero de Arroz Tartana y José Zafra, grandes divulgadores de la cultura del arroz.

Juan Valero. Gerente de Arroz Tartana

José Zafra. Pasión por la paella.



lunes, 13 de marzo de 2023

LA CONSERVACIÓN DE LA CARNE. METODO DE CURACIÓN

 


En la antigüedad era normal el secado de la carne para su conservación al no disponer de los actuales electrodomésticos necesarios para ello.

Sol, fuego, viento, hielo debían ser los elementos indispensables para una correcta conservación de las carnes para poder pasar los crudos inviernos donde la caza era muy limitada.

En los albores de los tiempos el hombre fue descubriendo que por el efecto del calor del sol, los alimentos cambiaban su composición, se secaban. Del mismo modo ocurría si se exponían al viento, descubriendo la congelación de estos con el contacto con la nieve o el hielo. Pero fue cuando descubrió el fuego cuando se percató de la posibilidad de secar las carnes al amparo del calor descubriendo el ahumado y como no, el asado para dejar de comer carne cruda o curada.

El propósito de la curación es el de prevenir o retrasar el proceso natural de descomposición de los alimentos, en especial la carne cruda que es muy sensible a la descomposición bacteriana.

Pero el tema se pone interesante cuando se descubre el poder de la sal sobre los alimentos, especialmente para la conservación por el método de la curación.

La carne curada sometiéndola a un proceso de salmuera previo y secado posterior nos han dado verdaderas delicias culinarias, y si no, díganme el jamón en que árbol crece. La sal actúa como conservante pero también como agente saborizante, cambiando el sabor de ella dotándola de una característica especial y diferente. Si a todo esto añadimos las llamadas especias o hierbas aromáticas…

Existen dos métodos principales para curar la carne: la salmuera, cuando se usan líquidos, y la salazón, cuando se cura en seco. Existe un tercer método que es por inyección del que no me voy a extender puesto que no es tradicional y es usado en procesos industriales. La salmuera se introduce en la carne por medio de jeringas.

En salmuera, sumergiendo la carne en una solución agua sal a la que puedes añadirle especias para su secado posterior.

Y la salazón, meter la carne en sal. Es más adecuado para carnes grasas. Este método actúa más lentamente y la carne queda más salada, pero es un curado con mayor seguridad y confianza.

Dicho todo esto, yo voy a curar un buen trozo de lomo de cerdo y les voy a explicar mi método, utilizando los dos que he expuestos.

Necesitaremos:

Un buen trozo de lomo de cerdo de alrededor de kilo y medio a dos. Vale la pena que sea grande.

1 Kg de sal marina (Sal Bueno es muy adecuada y es valenciana)

Pimienta negra

Ramas de romero

Debemos tener un molde adecuado para que nos quepa en su interior la pieza de carne. Moldes rígido rectangular para horno. Los de acero los más adecuados.

Lavamos bien el molde y lo secamos. Hacemos lo mismo con la pieza de carne.

Cubrimos el fondo del molde con alrededor de 10 cm de sal. Ahí se quedarán los líquidos que contenga la carne

Salamos bien la carne y la introducimos en el interior del molde rellenando las paredes con sal ayudándonos con el mango de una cuchara. No deben quedar huecos alguno. Cubrimos también de sal y envolvemos el molde con film de manera que quede totalmente sellado. Introducimos en la nevera 7 días sin tocarlo.   

Hay quien mezcla la sal con una parte de nitrato porque cuando el nitrato se pone en contacto con las bacterias de la familia Micrococcaceae, se produce una reacción bacteriana que da lugar a la formación de nitrito que es el responsable de ese color rojo tan característico de la carne curada y que es utilizado por las empresas fabricantes. Nada natural.

Otro aditivo que suele ponerse es una parte de azúcar (glucosa, fructuosa, sacarosa o lactosa) mezclado con la sal. Reacciona produciendo microorganismos que actúan desdoblando los azúcares y produciendo ácido láctico que ayuda al curado.   

Bien, pasados los 7 días, sacaremos la carne de la sal y lavaremos la pieza con abundante agua (debajo del grifo). No debe quedar resto de sal alguno.  

Lavamos el molde e introducimos la pieza ya lavada cubriéndola de agua fría, tapamos con film y lo dejamos en la nevera 2 días. Cambiándole el agua cada 12 horas. El agua no debe contener cloro.

El último proceso será sacar la pieza y secarla concienzudamente con papel absorbente o con un paño bien limpio. Debe quedar completamente seco.

Empolvamos con pimienta molida toda la pieza y la envolvemos en ramas de romero. Debemos atar con una cuerdecita, apretando bien toda la pieza de manera que quede embuchada y preparada para colgar. Apretando bien la pieza porque al secarse encogerá un poquito. Afortunadamente no mucho.

Finalmente la colgaremos en un lugar seco y a la corriente de aire, lejos del calor directo. Dentro de una carnera fresquera sería lo mejor.



Dependerá de la temperatura, y sobre todo del viento, el tiempo de curación total. La pieza aquí expuesta tardó 6 días, porque cogí un tiempo ventoso. Carne curada totalmente tradicional sin aditivos ni conservantes.


sábado, 6 de febrero de 2021

CUSCÚS


El cuscús, cous-cous, alcuzcuz o kuskusús, es un plato tradicional, nadie lo duda, de la cocina del norte de África, a base de sémola de trigo duro. En realidad se elabora con una mezcla de harinas de varios cereales: trigo candeal, mijo en grano, sémola, y harina de arroz, que se mojan para conseguir una mezcla y más tarde ser cocidos en un horno al vapor y secados posteriormente. El resultado son esas bolitas llamadas cous-cous.

El cuscús, se llama “t’aam“ en árabe Y es el plato nacional de los tres países del Magreb, Argelia, Marruecos y Túnez.

Los elementos básicos son los mismos, sémola y caldo o marga, pero los ingredientes pueden variar según de que país se trate.

En Argelia el alcuzcuz va acompañado de garbanzos, de habas, de una gran cantidad de legumbres y hortalizas (alcachofas, calabacines, patatas, berenjenas, cardos, hinojo, guisantes) e incluso en algunas ocasiones de carne.

El mesfuf alcuzcuz preparado con habas frescas y uvas pasas está reservado para las comidas del alba en el mes del Ramadán. Se come bebiendo suero de leche (leben) o leche cuajada (raib).

El cuscús sahariano es servido sin legumbres, ni caldo. En Túnez, puede hacerse con conejo, con perdigones o con carnero, pero en todo caso incluye como ingrediente los garbanzos.

El más conocido por nosotros es el de Marruecos, que se suele acompañar de carnero o de pollo. Generalmente se sirve con dos caldos: uno para remojar la sémola, y otro para darle gusto lo que se consigue sazonando con guindilla roja. Los numerosos ingredientes entre los que figuran nabos, calabacines, pasas, garbanzos y cebollas, se someten a una cocción prolongada que los reduce a una especie de confitado. 

Gran parte del sabor se debe a las especies que se ponen en la elaboración de este plato. Generalmente las especias, el “ras-al-hanut”, que no es más que una mezcla de especias. Aunque no existe una receta única del ras el hanout, cada vendedor o cocinero lo elabora de una forma especial que le caracteriza, pero su composición suele incluir como mínimo: pimienta negra, comino, cardamomo, nuez moscada, canela, pimentón, jengibre…

En Francia, Rabelais es el primer escritor que habla del cuscús que llama couscoussou en su novela Pantagruel (1532) y Alejandro Dumas, lo llamará coussou coussou en su Gran Diccionario de cocina (1873). Siendo hoy uno de los principales platos de la cocina francesa.

Curiosamente las primeras recetas tradicionales de cuscús de Europa se encuentran en las islas de Sicilia y Cerdeña en Italia y son de influencia tunecina. En la provincia de Trapani, el cuscusù es un plato muy típico que muchas familias siguen preparando el grano de forma tradicional que se sirve acompañado de una sopa de pescado.  

En Cerdeña existe una versión del cuscús a base de verduras, el cascà también de origen tunecino que remonta a la colonización por el pueblo Carloforte de un pequeño territorio en Túnez de 1540 a 1738, en la isla de Tabarka.

En el año 1464 el valenciano Joanot Martorell lo mencionará como cuscussó en el Tirant lo Blanch cuando explica que unos caballeros “foren ben servits de gallines e capons e de faysans, de arroç e cuscussó”.

Lo encontramos también en El retrato de la lozana andaluza (1528) de Francisco Delicado con el nombre de alcuzcuzú y hasta en el Quijote de Cervantes como alcuzcuz.

El cuscús llegó a ser un plato muy apreciado en Al-Andaluz (Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha…), siendo muy conocidas las recetas de ida vuelta con las variantes que facilita la tierra en cada lugar como lo muestra el hecho de que exista en castellano antiguo una palabra para denominar este plato: alcuzcuz. La primera receta de cous-cous que se conoce la encontramos en un libro de cocina del Al-Andalus, la Andalucía musulmana del s. XIII, durante el reino Nazarí de Granada.

En lo que coinciden casi todos, incluida la Biblia gala de la gastronomía, el “Larousse Gastronomique” (pp 400-401), es que el cuscús tiene origen bereber, pero si lo reconocemos también como plato hispanoárabe desde el siglo XIII, según escribe el gastrónomo y periodista Pedro Nuño de la Rosa, “tal y como lo conocemos hoy en día en algunas de sus muchas recetas ­-refiriéndose al cuscús- especialmente elaborado con calabacín, pimiento y tomate, forzosamente debió elaborarse tras el “redescubrimiento” de América, y, no menos probablemente, llevado a Orán y Túnez desde el Reino de Valencia, donde los mahometanos moraban desde siglos antes hasta ser embarcados obligatoriamente al destierro. El mayor número de moriscos hispanos deportados en 1609-1610 desde puertos valencianos al Magreb, y asimismo el clima y los feraces vergeles de Levante peninsular (“una huerta es un tesoro si te la cultiva un moro”, decía el refrán castellano) pueden explicar cómo se enriquece el cuscús norteafricano con estas verduras recién arribadas del Nuevo Continente a partir del XV”.

El cuscús en definitiva, forma parte de nuestra cultura gastronómica, de nuestro territorio, y no en pocos municipios su elaboración es cotidiana.

Particularmente es un plato que me fascina. Vamos a cocinarlo a mi manera.

Para ello, necesitaremos para 4 personas los siguientes ingredientes:

De carne: un jarrete de cordero, un ossobuco de ternera y un cuarto trasero de pollo.

Verdura: 2 zanahorias, un manojo de judías verdes, un calabacín, un pimiento rojo y uno verde, 1 nabo y un nabicol pequeño, brócoli y apio.

200 gr de garbanzos remojados de la noche anterior.

Dos cucharadas de especias “ras el hanout”, al gusto.

250 gr de sémola para cuscús de grano mediano.

Agua, sal, aceite.

Elaboramos:

Lo tradicional sería disponer de una CUSCUSERA, que no es más que una cazuela compuesta por una olla inferior en la que se cocinan los acompañamientos (carnes y verduras) y en la olla superior, que tiene agujeros, se cuece la sémola de trigo al vapor.

Como no dispongo de ella, pondremos la carne a hervir en una cazuela. Espumamos, e introducimos los garbanzos, volvemos a espumar y añadimos el nabicol, nabo y el apio todo ello cortado en trozos. Salamos y añadimos la mitad de las especias.

Mientras se cuece, preparamos la sémola para el cuscús.

Mi truco. Ponemos la sémola en un bol, añadimos la misma cantidad de agua hirviendo, una pizquita de sal y dos cucharadas de aceite de oliva, removemos con la misma cuchara y tapamos sobre tres minutos. Abrimos y miramos si el grano a chupado el agua, si es así, lo dejamos abierto y esperamos dos minutos más sin tocar. Ahora con una varilla de batir o un tenedor vamos aireando y desliando la sémola hasta dejar completamente sueltos los granos.

Tenemos la carne ya hecha, añadiremos el resto de verduras cortadas, probamos de sal y añadimos al gusto el resto de especias que habíamos reservado. Entre diez y quince minutos apagamos el fuego.

Servimos, podemos hacerlo en una cazuela de barro poniendo en la parte de abajo la sémola y encima las verduras, los garbanzos y la carne. A parte en una sopera el caldo.

También podemos servir, como en este caso, por separado.

Particularmente me gusta poner en mi plato la sémola y el caldo agregando un poco de salsa picante que elaboro triturando ajos, picantes (guindillas) secos remojados en agua caliente, pimiento rojo, un tomate y pasta de tomate.  O si puedes adquieres la salsa tradicional magrebí Harissa. 


jueves, 26 de noviembre de 2020

PERELLONS I PEROTS D'HIVERN

 

Perots


De nuestra montaña Alicantina, conocemos la variedad autóctona de manzana que denominamos Perelló. Típico a les Valls d’Ebo y d’Alcalà, y a Castells de Castells. También en el Comptat, Alcoy, Cocentaina, Muro... en el Valle de Guadalest...

Perellons

Como dato curioso, en algunas localidades de la Marina se le llama “Cul de ciri” y en Tàrbena, Agres, Alfafara, Penàguila i Benifallim donde siguen cultivándose se les llama “Peros”. 

Pero de “Peros” no les voy a hablar si no de PEROTS, que no es más que una variedad de pera de invierno que junto con el PERELLÓ, sus árboles que forman parte del paisaje junto a olivos y almendros, de los pueblos de nuestra montaña Alicantina. Son muy apreciados en toda la Comarca de La Marina Alta, en Alicante, Elche y en Murcia. 

Perot

Estas frutas, se recogen en los primeros meses de invierno, cuando ya arrecia el frío. Se debe recoger aún verdes y se debe almacenar entre quince o veinte días en cajas para que con su vapor natural, tapadas debajo de mantas, alcancen su madurez, que se producirá cuando su tono pase del verde a un color entre marrón y amarillo, acanelado. Al Perelló se le resaltarán sus manchas marrones. 

Recuerdo a mi abuelo guardarlas en la cambra en el suelo entre pajas, haciendo montoncitos separados entre sí, por si alguna se pudriera no afectara al resto, y le duraran casi todo el año. 

De siempre ha sido una fruta muy apreciada pues se trata de unas variedades muy antiguas muy utilizadas debido a que al tener una maduración tardía, permite disponer de fruta todo el invierno. 

Es utilizada tradicionalmente para hacer peras con vino, compotas, mermeladas… pero también se puede consumir en fresco teniendo en cuanta su piel dura. 

Perots en el Mercadillo de Dénia

Tanto la pera como la manzana tienen un sabor muy apreciado, el cual va mejorando a medida que aumenta la altura a la que se encuentra el frutal. De ahí que sea característico su cultivo en los pueblos de la montaña. 

Estas frutas no están protegidas por una Denominación de Origen Protegida (DOP) o por una Indicación Geográfica Protegida (IGP) aún reuniendo todas sus características. Por eso, por esa falta de protección y de promoción, a pesar de ser auténticos tesoros, están al borde de la extinción ante las dificultades para darle salida comercial y, por lo tanto, para conseguir una rentabilidad económica. En las mismas circunstancias se encuentra la manzana roja de Beneixama. 

Manzana roja de Beneixama. Foto Mercat Sant Roc

El Perot es menos conocido que el Perelló, pero con él se cocina un plato muy sencillo que forma parte de esas recetas que denominamos del hambre, donde se buscaban ingredientes para enriquecer un plato. Se les añadía a guisos y pucheros. Les hablo por ejemplo de unas sencillas lentejas a las que se les añadía un Perot por comensal.

Foto Pablo Masanet

Para cuatro personas: 

4 Perots (pera de invierno) 

350 gr de lentejas 

100 gr de arroz

Una cebollita 

Aceite de oliva de las montañas Alicantinas, sal y agua. 

Unos taquitos de jamón y de boletus, ya sería todo un lujo. 


Al lío. 

Ponemos las lentejas en una olla, las cubrimos generosamente con agua fría y las dejamos reposar, mientras hacemos el paso siguiente. El agua tiene que ser lo más pura posible, y no añadas ni sal ni bicarbonato. 

Sartén al fuego donde cubrimos el fondo con el aceite de oliva. Pelamos y cortamos la cebolla muy pequeña. La añadimos y sofreímos junto con los taquitos de jamón, si es el caso. Cuando la cebolla esté transparente, retiramos del fuego y reservamos. 

Escurrimos las lentejas desechando el agua y las lavamos bajo el grifo para eliminar los azúcares que han soltado durante el remojo. Las escurrimos bien. 

A la olla de nuevo y las cubrimos generosamente con agua fría. A fuego bajo y ha esperar el primer hervor donde soltará la espumita que retiraremos. Personalmente me gustan mucho las lentejas, pardina o verdina pues dan muy buen resultado si no nos pasamos en el tiempo de cocción (máximo 40 minutos). La rubia o castellana también es muy sabrosa pero necesitaríamos mucho más tiempo, entre hora y hora y media de cocción. 

Añadimos ahora a la olla el sofrito que hemos hecho y las peras sin pelar. Dejamos la tapa con una rendija y lo dejamos entre 35 o 40 minutos según tipo de lenteja. Veinte minutos antes de apagar el fuego,  añadiremos el arroz. Mirar su cocción. Añadimos un poco de sal. 

Diez minutos antes, en la misma sartén, cortamos unas laminitas de Boletus, los pasamos por ella, y las añadimos al guiso. Mano de santo. 

Ha de quedar caldosito para comer con cuchara. Emplatamos poniendo un “Perot” en cada plato. 

Claro está que en la posguerra el comer fue muy duro, el Covid-19 también, pero quién pueda permitirse los placeres de un buen jamón y unos Boletus… No es mi caso ahora mismo, pero ahí lo dejo.

Agradecimiento a Pablo Masanet y familia, por recordarme esta receta. 

sábado, 14 de noviembre de 2020

CREMA DE RAVANELL

 



El ravanell, rabiza o jaramago silvestre (Diplotaxis Tenuifolia (L) (
pincha AQUÍ), es una planta de las consideradas mala hierba, pues se extiende por nuestros campos sin control.



Si no lo sabías, se utiliza en infusión por sus propiedades expectorantes, estando indicada en la afonía, faringitis, bronquitis crónica y asma. Precisamente por eso, se denomina vulgarmente hierba de los cantores. Las hojas de jaramago actúan como estimulantes de las funciones orgánicas y son antiescorbúticas, además de favorecer la diuresis y sirve como purificadoras de la sangre.

En gastronomía, sus semillas se emplean como sucedáneo de las de mostaza, pues son ricas en sinigrina y su parecido sabor con la rúcula, la hace una planta comestible como verdura, tanto cruda en ensaladas como en cremas o sopas. Tambien se parece por su gusto al wasabi.

Así pues, probé de cocinarla y me salió esta receta, de verdad deliciosa. Me sorprendió el resultado.

Necesité para cuatro personas:

3 patatas grandes.

Un buen manojo de “all porro”. Ajo puerro silvestre. Pinchar AQUÍ para leer.

400 gramos de hojas tiernas de ravanell, rabiza o jaramugo recogido en el campo.

Aceite de oliva, sal.

1 litro de caldo suave de verduras o de pollo.

Decoré el plato con flores silvestres de la misma planta y medio huevo duro cada uno.

Por la tanto, dos huevos duros.

Hay que tener mucho cuidado cuando recolectemos plantas silvestres, que no hayan sido tratados ni con los malditos herbicidas ni con fitosanitarios. Coger en un lugar de confianza.

Vamos a cocinar.

Haremos un caldo suave de verduras o con una carcasa de pollo. Debemos obtener alrededor de un litro. Yo lo hice sólo con verduras. Mucho puerro, 1 carlota, 1 nabo, una cebolla, tres dientes de ajo, unas hojas de perejil tierno, una pizca de sal, hervir media hora y colar.

Limpiamos los ajo puerros silvestre (all porro), los cortamos y los sofreímos en el aceite (tres cucharadas) que hemos puesto en una olla. A fuego muy muy bajo, pues no debemos quemarlo.

Limpiamos el ravanell, sacándole las hojas y desechando la parte central que puede estar dura. Utilizamos pues sólo las hojas.

En una olla a parte, calentamos un litro de agua y cuando esté hirviendo escaldamos las hojas de ravanell, sacándolas de inmediato. Esto evitará el sabor fuerte que en este tiempo tiene, al estar en época de floración. Retiramos pasamos por agua fría y reservamos.

En la olla donde estamos sofriendo los ajo puerros silvestres, añadimos un vaso de agua, un vaso de caldo que hemos hecho y las patatas peladas y chascadas. Deben quedar cubiertas, si no añadimos más caldo.

A los quince minutos, añadimos el resto del caldo y el ravanell que hemos escaldado.

Probamos y añadimos sal si es necesario.

Tenéis que controlar el líquido, pues pasados treinta minutos total, lo trituramos dentro de la olla con un brazo batidor y lo pasamos por un “chino” (colador). Deberá quedarnos una crema. Nada de exceso de líquidos.

Emplatamos y decoramos con una flor de ravanell (que están buenísimas) y medio huevo duro.

Podéis probar con un hilito de un buen aceite de oliva de la montaña Alicantina por encima.

Me sorprendió su agradable sabor de esta receta elaborada con hierbas recogidas del campo y unas patatas.

¿Comida de aprovechamiento? No, imaginación al poder.


miércoles, 28 de agosto de 2019

PAELLA TRADICIONAL VALENCIANA DE 1931. LOS ORÍGENES DE LA PAELLA VALENCIANA


Paella tradicional valenciana de 1931

Ayer asistimos un año más, en la finca de Arroz Tartana ubicada en pleno Tancat de L’Estell de El Palmar, al encuentro organizado por “locosxlapaella” donde cinco prestigiosos cocineros elaboraron cinco paellas típicas del periodo comprendido entre 1850 a 1950. 

Hablar en el mundo de las paellas del maestro Juan Carlos Galbis, Adolfo Cuquerella del restaurante La Granja de Sueca, Raúl Mangraner del restaurante Bon Aire y ganador del último concurso de paellas de Sueca, Miriam de Andrés y Manolo  del Grupo La Sucursal y Pablo García del restaurante Vernetta de Valencia, no es cualquier cosa. 


Juan Carlos Galbis Olivares
Adolfo Cuquerella Vera
Raúl Magraner Martínez
Miriam y Manolo de Andrés
Pablo García
Recetas históricas y documentadas, según nos cuenta Jose F. Cuñat Quiñones, artífice de este evento y del estudio sobre nuestro plato emblemático: "una paella valenciana de 1931 con congrio (anguila en su defecto), mejillones, pimiento, guisantes, calamares, longaniza, langostinos; una de 1913 con chorizo, guisantes, alcachofa, manteca de cerdo...; otra de 1857 con pato, pollo, caracoles, salchicha, alcachofas..." son algunas de las 5 recetas recuperadas y documentadas que se elaboraron. 

Esto desmonta la teoría tan extendida sobre una receta única de paella valenciana, y se contradice frontalmente con los que opinan que la auténtica paella lleva 10 ingredientes básicos y necesarios para denominarla valenciana. Y ya no digo nada, sobre el bulo que se creó de que la paella tiene Denominación de Origen, gracias a un equívoco artículo de prensa. 

La paella ha evolucionado, pero demuestra a las claras que no existía una paella única, ni mucho menos con unos ingredientes únicos. La paella se extendió entre comarcas y se incorporaron elementos típicos de ellas. De igual manera que si fuese verdad que sólo podría elaborarse paellas auténticas valencianas con los 10 ingredientes “famosos” ¿quién comería paella en invierno? Antiguamente no existía la electricidad, ni las neveras ni congeladores para tener verdura fresca, como la “bajoqueta”, la tabella o el garrofó. ¿No se comía paella? Pues las paellas de temporada (llamada de invierno), con habas, alcachofas, las de “aladroc”… con costillitas de cerdo, que con ajo y sin él, con caracoles o no… 

Otro mito ha caído cuando se expresan diciendo que la auténtica paella valenciana no lleva pimiento rojo, cuando podríamos decir todo lo contrario, pues son más las paellas que se cocinan en toda nuestra comunidad valenciana con pimiento que sin él. 

Jose Cuñat, ha cotejado y analizado más de cien libros, impresos y manuscritos que introducían la receta valenciana en sus páginas, para llegar a la verdadera historia de la paella valenciana y sus recetas, desde sus comienzos. 

Locosxlapaella” explican que existe una paella tradicional y otra contemporánea. Al parecer, la tradicional consta de más de 100 años de antigüedad y con diferentes recetas guardadas en diferentes volúmenes. Cuidado pues el usar la palabra “paella tradicional” tal y como se entiende hoy en día, e incluso yendo más allá, digo yo, que entre estas paellas, no se encuentra la tradicional que llevaba rata de agua o de marjal (talpó) que seguramente será aún más antigua. Estamos comprometidos algunos a cocinarla este invierno. 

Dicen que “la evolución de la receta, se inicia tras la Guerra Civil española y con la llegada de la “cocina económica”, todo ello unido a un proceso de reducción de gastos a causa de la posguerra, momento en el que desaparecen de la Paella productos como la anguila, la longaniza o el lomo para dar paso al conejo y la verdura”. 

Jose Cuñat Quiñones, uno de los grandes artífices de esta investigación, defiende que la exposición de las paellas históricas es una aproximación culinaria para poner en valor que la paella utiliza alimentos fuera de los diez básicos que establece, por ejemplo, Wikipaella

Todo esto no viene más que a corroborar mi estudio sobre el origen de la paella y su evolución, que pueden leer pinchando aquí. Paellas tradicionales valencianas Con... o De… y de distintos pueblos y comarcas de nuestro territorio. 

Acompañé a Raúl Magraner en la elaboración de una de esas paellas, concretamente la publicada por la revista Menaje en Marzo de 1931 y por ello os cuento la evolución de la receta original con algunos matices en cuanto a sofritos y orden de los elementos. 


Para seis personas 

400 gr de arroz 

200 gr de lomo de cerdo 

300 gr de congrio (se usó anguila) 

200 gr de salchichas 

1 pollo pequeño 

200 gr de guisantes 

100 gr de judías verdes 

200 gr de calamares 

300 gr de tomates 

200 gr de langostinos 

Tres cucharadas de manteca de cerdo 

3 pimientos rojos 

12 moluscos (mejillones) 

4 dientes de ajo 

1.5 Litros de agua 

Azafrán, sal, pimienta y perejil. 

Póngase a fuego una paella con la manteca y cuando esté bien caliente se le añade el pollo y el lomo cortado a trozos, se rehoga hasta que tenga un bonito color dorado. 

Manteca de cerdo

Se ha optado por sofreír las anguilas

Longaniza

Longaniza y lomo junto con las anguilas

Removemos a fuego bajo

Retiramos las anguilas y reservamos. Añadimo el pollo

Marcamos los langostinos y los retiramos
A continuación de agregan los calamares cortados en forma de anillos, las anguilas cortadas a rajas, las salchichas, 2 ajos trinchados, el pimentón y el tomate mondado y picado. 


Los calamares y la judia verde

Cortamos el ajo
Sofreímos el pimiento rojo

Añadimos el tomate triturado

Vamo incorporando los ingredientes reservados. Añadimos Pimentón de Hojilla
Se sigue rehogando unos minutos, se moja con uno y medio litros de agua, se sazona con sal y pimienta y se cuece a fuego lento por espacio de 15 minutos. 

Agua
Pasado ese tiempo se echa el arroz tirándolo en forma de lluvia, se incorporan los langostinos, el azafrán y los ajos (machacados en un mortero), los pimientos y los moluscos previamente hervidos y quitada media cascara vacía. 

Se echa el arroz J. Sendra

Añadimos el lomo, la longaniza y las anguilas
Se deja cocer 20 minutos y a media cocción, sirviéndose de un tenedor, se arregla dando a los ingredientes una forma bonita, terminándose de adornar con los guisantes y judías que se tendrán previamente hervidos con agua y sal. 

Añadimos los guisantes

Añadimos los pimientos rojos
Colocamos los langostinos
Colocamos los mejillones 

Para la presentación de la paella, antes de servirla, se espolvorea con perejil picado y pimienta negra molida. 

Toque de pìmienta y perejil
Recomendaba una marca de arroz, pero se cocinó con nuestro arroz D.O. de valencia J. Sendra. 

Fotos del evento.

Juan Carlos Galbis en acción

















Adolfo Cuquerella en acción






Fotos varias: 


Adolfo Cuuerella

Raúl Magraner

Sergi. Paella de la Valldigna


















OTRAS PAELLAS DE REFERENCIA

Manuscrito de principios del siglo XIX, “Paella valenciana”: 

“Se prepara una sartén con aceite o manteca y cuando está caliente se fríe en ella unos cuantos pimientos, sacándolos una vez fritos. En la misma sartén se pone una cabeza de ajo y tomates enteros, cuando están fritos se añade pollo o pato, cerdo, salchicha o chorizo, todo en pedacitos; cuando está dorado se machaca perejil, pimienta, sal y azafrán; se revuelve todo hasta que esté bien frito y se añaden alcachofas (ya cocidas), guisantes y judías tiernas verdes, dándoles unas cuantas vueltas para que se rehoguen y en seguida se le echa caldo o agua caliente. Cuando todo está blando, se pone más fuego, se aumenta el caldo necesario, se pone el arroz y de deja hervir hasta que esté cocido, se le aumentan trozos de anguila a medio cocer y se le disminuye el juego y se deja hervir, poco a poco, cuando está en punto se saca y se deja reposar un rato, poniendo los pimientos cruzados por encima para adornar la paella debe servirse en la misma cazuela. Para cada taza de arroz se ponen dos de agua”. 

SARTÉN A LA VALENCIANA (PAELLA) año 1857. Se prepara una sartén cuyo fondo sea igual á la hornilla donde se ha de poner y que tenga esta fuego de carbón ó leña bien encendido; se le echa aceite ó manteca de cerdo en proporción, y cuando está bien caliente se fríen en ella unos cuantos pimientos los que después de fritos se sacan para limpiarlos cuando se necesiten; se echan en seguida á freír pollos, patos, lomo de cerdo y salchichas, todo hecho pedazos y cuando están dorados se ponen dos ó tres dientes de ajo mondados y cortados, tomate, perejil, pimiento encarnado, sal, azafrán y un poco de pimienta y clavo; se revuelve todo esto hasta que esté bien frito; entonces se ponen alcachofas, guisantes ó judías verdes des granadas ó bien hechas pedazos; se le da dos vueltas para que se rehogue y en seguida se aumenta caldo ó agua caliente y se deja hervir hasta que todo esté cocido. Entonces se aviva el fuego, se aumenta el caldo necesario y cuando cuece, se echa el arroz suficiente hasta que meneando con una cuchara se tenga derecha en el centro: se hace partir á gran fuego, aumentándole los pimientos y algunos trozos de anguila. A medio cocer se le disminuye el fuego y se deja marchar poco á poco, (mas á todo esto sin tocarlo ni menearlo) cuando está á punto se saca y después de un poco de reposo, se sirve. 

Algunos aumentan cuando ponen las anguilas algunos caracoles bien lavados. Se ha de procurar que el arroz quede entero, cocido y sin caldo, de suerte que al comerlo no esté unido sino suelto lo que se consigue poniendo el agua necesaria y llevando las reglas arriba dichas. 

DE LOS CARACOLES. Estos, aunque todas las clases son de una misma naturaleza, varían de vista y efectos según en los parajes donde se cogen: por esta razón son preferibles para comer los que se crían en las viñas. Hay países que tienen una grande afición á esta clase de bichos como en Aragón y Valencia, al paso que en otros parajes no hacen ningún caso: aunque es un alimento nutritivo. es un poco indigesto, por cuya razón es necesario darle un sazonamiento bastante fuerte; y al mismo tiempo tenerlos encerrados en cestos de mimbres un poco tiempo después de cogidos, para que purguen toda la yerba que pueden tener. “ 

DE LAS TRES PAELLAS DE DOÑA EMILIA PARDO BAZÁN, LA NÚMERO 1, año 1913. Paella (para doce personas): 

Seis onzas de aceite: seis ídem de manteca de cerdo: dos pollos o gallinas, mejor pollos; un pichón ó perdiz; diez y ocho onzas de filete de ternera; diez y ocho ídem de lomo de cerdo; un chorizo ó longaniza; media libra de jamón cortado en pedacitos. 

Fritos ya los componentes (de gallina y perdiz se aprovecha todo menos lo que se llama en navío), se añaden; tres libras de guisantes y algunas alcachofas ó habichuelas, sal, pimiento dulce colorado, azafrán y suficiente cantidad de agua; se echan cuatro libras de arroz, dándole un hervor largo. 

Se parten trozos dos libras de anguilas y se guisan con el resto de la paella, menos el arroz, que se añade luego, dejándolo diez minutos, primero con fuego debajo y luego con fuego alrededor. La cantidad de agua para la paella es doble que la de arroz. 

PAELLA VALENCIANA DE 1933, para 4 personas: 

1933 Asociación de Exportadores de arroz de España- Basado en el facsímil publicado por UPWords con opúsculo de Jose Cuñat. En honor al pintor Segrelles, autor de la lámina que acompaña la receta. 

Pollo, magro, aceite, ajo, tomate, pimiento, colorado molido, verdura, caracoles, anguilas, arroz, azafrán y langostinos. 

PREPARACIÓN 

Primeramente se escoge un pollo mediano y se corta en catorce o dieciséis pedazos y se le pone sal; se pone un decilitro de buen aceite en una paella mediana, y cuando éste esté muy caliente se pone el pollo y se sofríe en compañía de unos pedacitos de magro durante unos cinco minutos; después se le añade un tomate pequeñito exprimido y cortado en pedacitos, un ajo picado, judías tiernas, garrofón, un par de alcachofas (cuando se carezca de judías o alcachofas, pueden sustituirse por guisantes tiernos) y después se le añade una cucharada de pimiento colorado molido y 400 gramos de arroz, todo bien sofrito: se le añade un litro de agua que esté caliente. 

Cuando esté hirviendo se le añade un póquito de azafrán, ocho pedacitos de anguila y doce caracoles engañados al sol de antemano, y la sal a gusto. Cuando el arroz esté a medio cocer se le pone dos langostinos por persona. 

En un principio la cocción deberá ser regularmente viva; pasados dos o tres minutos debe fuego lento durante otros diez o doce minutos, que es lo necesario para dejar el arroz en su punto. Si hay cocina económica se puede poner un poco al horno para que se seque, pero lo más típico y mejor es si se deja la paella encima de un poco de fuego durante un par de minutos. 

Cuando se carezca de pollo puede utilizarse cualquier ave de caza o doméstica, y en este caso, si la carne no es tierna puede condimentarse la paella conforme hemos indicado, menos el sofrito del arroz, que deberá añadirse a la paella cuando haya hervido durante una hora la carne en la paella.