jueves, 16 de abril de 2015

10.- PIECECITOS DE CERDO


RECORDS DE LA MEUA INFÀNCIA. PUBLICAT EN EL DIARI LES PROVÍNCIES
06-09-2014.  





Todo había salido bien. El tiempo nos había respetado y el moscatel ya brillaba en forma de pasa como oro que era. Mi abuelo había dormido debajo del carro todo el tiempo que había durado el secado. Cualquier signo en el tiempo era una gran preocupación por si llovía y teníamos que empilar los cañizos y taparlo con las velas. Que si el Montgó se había puesto la boina (nubes en la corona de la montaña), que si resplandecía algún relámpago en el Coll de Rates,  había que estar precavidos. Y como no, por si alguien se le ocurría acercarse a la era de noche podía ser amenazado escopeta en mano. Estaba en juego la renta más importante de todo un año.

Los racimos de pasas los desgranábamos separando sus los granos secos de las raspas y clasificándolos por tamaños (triar pansa), para así venderla sacándole muchísimo mejor precio. Una brisa se colaba desde el parral lleno de uva negra y se agradecía su presencia en el riurau.

Mi tía estaba atareada de buena mañana. Había limpiado y chamuscado muy bien unos piececitos de cerdo que en aquella época estaban muy bien de precio  y los había puesto a hervir en una cazuela. Había ido des bromando muy bien y luego añadió una cebolla entera y una hoja de laurel. Dejó que el fuego hiciera su papel al menos durante hora y media.

Más tarde, ralló unas cebollas y unos ajos metiendo todo esto en una olla con un buen aceite de oliva cosecha propia a fuego lento para que pochara. Cuando estaba dorado añadió los tomates rallados de la huerta y dejó cocinar. Con el abundante zumo que había soltado los tomates hacía innecesario añadirle agua. Puso una buena cucharada de pimentón dulce y ahora sí, añadió dos buenos vasos del caldo (más bien era gelatina) donde habían hervido los piececitos y añadió estos junto con una guindilla. Tapó y los tuvo cocinando al  menos media hora a fuego lento para que se mezclaran todos los sabores y redujera. 


Mi abuelo estaba contento, l’escaldà había sido un éxito y ahora ya tenía la cabeza en la vendimia que se acercaba.  Metía el pedazo de pan en el aceite del guisado con cara de satisfacción. 

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