sábado, 11 de febrero de 2017

135.- PAELLA NEGRA O D'HIVERN / PAELLA NEGRA O DE INVIERNO


RECORDS DE LA MEUA INFÀNCIA.


11-02-2017


El camp estava bonico. Els ametlers en flor donaven un to idíl·lic al paisatge. El respirar fred d'una atmosfera que olia a terra mullada per la rosada de la nit. El sol pujava i cada vegada es notava i s'agraïa més el seu calor. Ens n'anàvem tots a la caseta a passar el dia. Les dones enrotllades en mantes, allà que anàvem sobre el carro. Jo portava les regnes de l'animal a qui guiava la gossa, caminant per davant d'ell i girant de tant en tant el cap, per a llançar-li una mirada al meu iaio i comprovar que tot anava bé.

Tot just arribar, vam encendre el foc. Una bona garba de sarments i uns troncs secs d'ametler alleujarien immediatament la gèlida estada. Damunt de les flames va col·locar la graella perquè es cremara i així es netejara. Sentia els passos de la burra camí de l'estable, al colpejar sobre el pis fet amb cudols les seues ferradures. La meua iaia, granera en mà, ja li estava donant un repàs al riurau. Les flames de la ximenera havien donat pas a unes excel·lents brases que aprofitaríem. La matinada havia despertat la gana i com aquell que diu, estàvem a dos veles. L'estómac em feia soroll, perquè només havíem pres una tassa de malta amb dos trossos de pa dur. Les sopes de cada matí.

La meua tia, sobre la taula de fusta que havia netejat, va col·locar un bon tros de cansalada, i amb un esmolat ganivet li donava precisos talls fins a arribar a la pell sense arribar a tallar-la. Pareixia una rosa amb els pètals oberts. Va salar la peça i apartant els troncs va col·locar la graella sobre les brases i damunt la pell amb la cansalada cap a dalt. Unes llonganisses blanques i una botifarra de volta, que van ficar i traure. Mentrestant, unes llesques de pa al voltant del foc perquè es torraren lentament donant-les la volta perquè es feren pels dos costats. A menjar! Va ser el seu crit de guerra. En un plat va col·locar les viandes i em va dir que traguera el pa. Cremava i el passava d'una mà a l'altra. No cal ni dir l'esmorzar que ens vam ficar. La cansalada estava transparent i amb la navaixa podies agafar trossos com si de gallons es tractara. La botifarra estesa sobre el pa, amb l'altra mà una llonganissa, ara un trosset de cansalada i les olives que no faltaven.

Va passar el matí i amb el meu iaio vam arreplegar unes poques faves tendres, les primeres, i unes carxofes. L'horta començava a despertar.

La meua tia es va disposar a preparar la paella. Hi havia posat a remulla unes faves seques, que junt amb les tendres i les carxofes faria la paella d'hivern o negra, donat el color que eixes verdures li donaven. La va col·locar sobre els ferros i va posar l'oli i un pessic de sal que li va servir per a anivellar-la. Uns trossos de costelletes de porc i de pollastre, va començar a sofregir. Tenia pelades i tallades en quarts les carxofes, i les faves tendres amb la seua baina. Quan la carn estava ben daurada, la va apartar i en el centre va posar la tomaca ratllada, va donar unes voltes i va tirar les faves i les carxofes, que va anar ofegant a poc a poc afegint una cullerada de pebre roig fullat. Aigua per damunt de les reblades i safrà torrat, deixant bullir sobre vint minuts avivant el foc al principi i deixant al mínim després. Amb el caldo just després que reduïra, va posar l'arròs avivant el foc. En vint minuts la va traure i deixant que reposara la va tapar amb uns periòdics. A la taula. La paella que més m'agrada.

PAELLA NEGRA O DE INVIERNO

El campo estaba hermoso. Los almendros en flor daban un tono idílico al paisaje. El respirar frío de una atmosfera que olía a tierra mojada por el rocío de la noche. El sol subía y cada vez se notaba y se agradecía más su calor. Nos íbamos todos a la casita a pasar el día. Las mujeres enrolladas en mantas, allá que íbamos sobre el carro. Yo llevaba las riendas del animal al que guiaba la perra, andando por delante de él y girando de vez en cuando la cabeza, para lanzarle una mirada a mi abuelo y comprobar que todo iba bien. 

Nada más llegar, encendimos el fuego. Un buen garbón de sarmientos y unos troncos secos de almendro aliviarían de inmediato la gélida estancia. Encima de las llamas colocó la parrilla para que se quemara y así se limpiara. Oía los pasos de la burra camino del establo, al golpear sobre el piso hecho con cantos rodados sus herraduras. Mi abuela, escoba en mano, ya le estaba dando un repaso al riurau. Las llamas de la chimenea habían dado paso a unas excelentes brasas que íbamos a aprovechar. El madrugón había despertado el apetito y como aquel que dice, estábamos a dos velas. El estómago me hacía ruido, pues solo habíamos tomado una taza de malta con dos trozos de pan duro. Las sopas de cada mañana.

Mi tía, sobre la mesa de madera que había limpiado, colocó un buen trozo de tocino, y con un afilado cuchillo le daba certeros cortes hasta llegar a la piel sin llegar a cortarla. Parecía una rosa con los pétalos abiertos. Saló la pieza y apartando los troncos colocó la parrilla sobre las ascuas y encima la piel con el tocino hacía arriba. Unas longanizas blancas y una morcilla de vuelta, que fueron meter y sacar. Mientras, unas rebanadas de pan alrededor del fuego para que se tostaran lentamente dándoles la vuelta para que se hicieran por los dos lados. ¡A comer! Fue su grito de guerra. En un plato colocó las viandas y me dijo que sacara el pan. Quemaba y me lo iba pasando de una mano a la otra. Ni que decir tiene el almuerzo que nos metimos. El tocino estaba trasparente y con la navaja podías coger trozos como si de gajos se tratara. La morcilla extendida sobre el pan, con la otra mano una longaniza, ahora un trocito de tocino y las aceitunas que no faltaban. 

Pasó la mañana y con mi abuelo recogimos unas pocas habas tiernas, las primeras, y unas alcachofas. La huerta empezaba a despertar. 

Mi tía se dispuso a preparar la paella. Había puesto en remojo unas habas secas, que junto con las tiernas y las alcachofas haría la paella que llamamos de invierno o negra, dado el color que esas verduras le daban. La colocó sobre los hierros y puso el aceite y un pellizco de sal que le sirvió para nivelarla. Unos trozos de costillitas de cerdo y de pollo, empezó a sofreír. Tenía peladas y cortadas en cuartos las alcachofas, y las habas tiernas con su vaina. Cuando la carne estaba bien dorada, la apartó y en el centro puso el tomate rallado, dio unas vueltas y echo las habas y las alcachofas, que fue rehogando poco a poco añadiendo una cucharada de pimentón de hojilla. Agua por encima de los remaches y azafrán tostado, dejando hervir sobre veinte minutos avivando el fuego al principio y dejando al mínimo después. Con el caldo justo después que redujera, echo el arroz avivando el fuego. En veinte minutos la sacó y dejando que reposara la tapó con unos periódicos. A la mesa. La paella que más me gusta.

jueves, 9 de febrero de 2017

CARRILLERAS DE TERNERA



Mi receta publicada en el Blog Vida Mediterránea

Ingredientes

4 carrilleras con hueso, 1 vaso de vino blanco seco, 2 vasos de agua, 1 cabeza de ajos, aceite de oliva, sal, harina, pimienta negra en grano y en polvo, 3 patatas grandes y 3 zanahorias, col agria (chucrut) y eneldo.
Normalmente encontramos las carrileras o carrilladas preparadas sin hueso. Pero esta vez le vamos a pedir a nuestro carnicero del masymas que nos prepare para cocinar unas de ternera con hueso. Esta receta también se puede hacer con las de cerdo, pero personalmente me gustan más las de ternera.

Elaboración

Salpimentamos bien las carrilleras y las pasamos por harina. En una cazuela habremos puesto aceite de oliva hasta cubrir el fondo y ya caliente, empezamos a sellar la carne por ambos lados, con cuidado de no quemar la harina, por lo que el fuego debe estar a temperatura media. Aprovechamos y también ponemos la cabeza de ajos entera a la que le habremos quitado su parte exterior que la cubre.
Una vez la carne bien marcada, añadimos el vino y el agua. Deben quedar bien cubiertas. Si es necesario espumar sin llevarse el aceite. Pondremos entonces unos granos de pimienta negra. Subimos el fuego y dejamos sobre cuarenta y cinco minutos, primero a fuego lento con la cazuela tapada y al final, cuando veamos que la carne está tierna, probamos de sal y subimos un poco el fuego, destapando, para que termine de evaporar y quede sólo la salsa gelatinosa que se habrá formado como consecuencia de los colágenos del hueso y la harina. Cuidado de que no se nos agarre en el fondo. Desechamos el ajo.
Mientras se hacía la carne, hemos hervido las patatas y las zanahorias. Con las patatas haremos un puré al que añadiremos un poco de aceite de oliva, un poco de pimienta en polvo y sal (hay quien prefiere leche o mantequilla). Montamos el plato con una carrilera (que podemos quitar el hueso o no), el puré de patatas, unos trozos de zanahoria que habremos pelado y el chucrut. Regamos generosamente con la salsa que se nos ha quedado. Un toque final de eneldo muy fino encima de la col.

sábado, 4 de febrero de 2017

134.- CASSOLA DE SANT BLAI / CAZUELA DE SAN BLAS


RECORDS DE LA MEUA INFÀNCIA.


04-02-2017 

Foto Valencia Bonita

Sant Blai era de les celebracions que més m'agradaven. Visitar el Porrat en la seua ermita, visitar les parades que s'instal·laven al llarg dels carrers; comprar dàtils, els rotllos, menjar bunyols i com no, fer-me amb una bona canya de sucre que de segur acabaria en un racó de casa assecant-se, perquè em cansaria molt prompte de pelar i xuplar aquell dolç manjar. Allà anava jo agafat de la mà de mon pare que portava un abric gris i unes ulleres de sol fosques que feia li ressaltara més encara el seu poblat bigot. En l'altra mà, amb la meua canya de sucre que utilitzava com si d'un gaiato es tractara.

Després d'encendre-li una vela al Sant i demanar-li que ens cuidara la gola i la gana de menjar, ens dirigim a casa d'uns amics, on menjaríem per a celebrar el dia. Pujàvem unes escales per a accedir a la part superior de la casa, la cambra, on les dones estaven aqueferades cada un al seu. En un forn imponent se sentia crepitar a l'anar introduint garbons de llenya d'ametlers i de sarments. Ma mare estava ocupada pastan en una gaveta de metall, i com era lògic, la meua primera pregunta va ser per a saber que estava fent. -pilotes dolces, em va dir. Una altra amiga de ma mare, estava fent el mateix però eren pilotes salades. Una olla en el foc de la ximenera que olia de meravella. I jo ja no sabia a qui dirigir-me. - ¿Mama, mama que anem a menjar?, -hui provaràs una cosa que mai has menjat, un arròs al forn molt bo que s'anomena cassola de Sant Blai i que porta moltes coses. La meua curiositat me portava a començar a preguntar, començant per l'olla que estava en el foc. Per a 10 persones estava cuinanse un putxero amb tots els seus ingredients.

La pilota dolça portava 250 gr de molla de pa sec, 100 gr de farina d'ametla, 200 gr de sucre, 3 ous, 40 gr de sagí de porc, 50 gr de cansalada del putxero, una mica de canella mòlta i la ratlladura de la pell de llima. Tot això pastat, i una vegada fetes les passava per pa ratllat. 

Per a la pilota salada, 400 gr de carn picada de porc, 200 gr de molla de pa remullada en llet, 2 ous, 1 dent d'all, jolivert fresc, sal, 50 gr de pinyons torrats o fregits en oli. 

Ara preparem la cassola de Sant Blai. La cassola de fang li cobrim el fons amb oli d'oliva i ho deixem damunt dels ferros al foc de la ximenera i comencem sofregint uns dents d'all ben picats, unes voltetes i una tomaca ben ratllada. Quan perda l'aigua, posem els trossos de carn de l'olla, amb els seus peuets, les penques, el napicol, la xirivia, i sobretot, els cigrons. A continuació posarem l'arròs que per a deu persones serà un quilo, removent bé i ara sí, tirarem el caldo colat del putxero quasi fins a dalt. Provem de sal i escampem safrà torrat. Mentres cou la cassola, en deu minuts, enfarinem les pilotes salades i les fregim en una paella reservant-les. En el mateix oli repetim l'operació amb les pilotes dolces, però esta vegada passades per clara d'ou batuda. Repartim les pilotes per damunt en la cassola i la introduïm en el forn de llenya. Encara no havia passat mitja hora, van acostar la cassola a la boca del forn i mon pare va clavar una sarment fina que havia pelat amb la seua navaixa i va eixir neta. Senyal inequívoc que estava en el seu punto, sec i amb un color daurat i rossejat que tenien les pilotes i l'arròs. 

CAZUELA DE SAN BLAS 

San Blas era de las celebraciones que más me gustaban. Visitar el “Porrat” en su ermita, visitar las paradas que se instalaban a lo largo de las calles; comprar dátiles, los rollos, comer buñuelos y como no, hacerme con una buena caña de azúcar que de seguro terminaría en un rincón de casa secándose, pues me cansaría muy pronto de pelar y chupar aquel dulce manjar. Allá iba yo cogido de la mano de mi padre que llevaba un abrigo gris y unas gafas de sol oscuras que hacía le resaltara más aún su poblado bigote. En la otra mano, con mi caña de azúcar que utilizaba como si de un cayado se tratara. 

Después de encenderle una vela al Santo y pedirle que nos cuidara la garganta y el apetito, nos dirigimos a casa de unos amigos, donde íbamos a comer para celebrar el día. Subíamos unas escaleras para acceder a la parte superior de la casa, la “cambra”, donde las mujeres estaban atareadas cada uno a lo suyo. En un horno imponente se oía crepitar al ir introduciendo garbones de leña de almendros y de sarmientos. Mi madre estaba ocupada pastando algo en una gaveta de metal, y como era lógico, mi primera pregunta fue para saber que estaba haciendo. –Pelotas dulces, me dijo. Otra amiga de mi madre, estaba haciendo lo mismo pero eran pelotas saladas. Una olla en el fuego de la chimenea que olía de maravilla. Y yo ya no sabía hacía quien dirigirme. – ¿Mama, mama que vamos a comer?, -Hoy vas a probar una cosa que nunca has comido, un arroz al horno muy bueno que se llama cazuela de San Blas y que lleva muchas cosas. Mi curiosidad me llevo a empezar por preguntar empezando por la olla que estaba en el fuego. Para 10 personas se estaba cocinando un puchero con todos sus ingredientes. 

La pelota dulce llevaba 250 gr de miga de pan seco, 100 gr de harina de almendra, 200 gr de azúcar, 3 huevos, 40 gr de manteca de cerdo, 50 gr de tocino del puchero, una pizca de canela molida, ralladura de la piel de limón. Todo ello pastado, y una vez elaboradas las pasaba por pan rallado. 

Para la pelota salada, 400 gr de carne picada de cerdo, 200 gr de miga de pan remojado en leche, 2 huevos, 1 diente de ajo, perejil fresco, sal, 50 gr de piñones tostados o fritos en aceite. 

Ahora preparamos la cazuela de San Blas. La cazuela de barro le cubrimos el fondo con aceite de oliva y lo dejamos encima de los hierros al fuego de la chimenea y empezamos sofriendo unos dientes de ajo bien picados, unas vueltecitas y un tomate bien rallado. Cuando pierda el agua, ponemos los trozos de carne del puchero, con sus piececitos, las pencas, el napicol, la chirivía, y sobre todo, los garbanzos. A continuación pondremos el arroz que para diez personas será un kilo, removiendo bien y ahora sí, echaremos el caldo colado del puchero casi hasta los bordes. Probamos de sal y esparcimos azafrán tostado. Mientras cuece la cazuela, en diez minutos, enharinamos las pelotas saladas y las freímos en una sartén reservándolas. En el mismo aceite repetimos la operación con las pelotas dulces, pero esta vez pasadas por clara de huevo batida. Repartimos las pelotas por encima en la cazuela y la introducimos en el horno de leña. Todavía no había pasado media hora, acercaron la cazuela a la boca del horno y mi padre clavó un sarmiento fino que había pelado con su navaja y salió limpio. Señal inequívoca que estaba en su punto, seco y con un color dorado (rossejat) que tenía las pelotas y el arroz.