miércoles, 15 de abril de 2015

6.- CARACOLES CON CONEJO


RECORDS DE LA MEUA INFÀNCIA. PUBLICAT EN EL DIARI LES PROVÍNCIES
9 de Agosto 2014




  Me acababa de levantar, no había dormido muy bien. En la saleta de la casita, con techo de encañizada encalada y las viejas tejas encima, servían de despensa a los ratones que allí se guarecían. Sus correrías empujando las cascaras de almendras hacían de orquesta improvisada que hacía difícil conciliar el sueño.


Mi tía Pepa, llevaba en la mano una “barxa” de palma cerrada con pinzas de la ropa repletas de caracoles. Buenos días, le dije, que vas a hacer? Voy a limpiarlos y a engañarlos. Hoy comemos guisado de conejo con caracoles.

Recordé la noche en la que tras caer cuatro gotas, cogimos el carburero y nos fuimos a recogerlos por el camino y los márgenes de piedra de los bancales de alrededor. Entonces no les echaban venenos ni herbicidas que hoy en día están acabando con todos ellos.

Lavó los caracoles con abundante sal, una y otra vez, repasándolos con agua, hasta que dejaron de babear. Ya limpios los puso en una  olla con agua, con sal en los bordes para que no se salieran. La puso en la era, al sol. A media mañana, estaban todas con la molla fuera adormecidas por el calor del sol y fue entonces cuando al ponerla sobre los hierros al fuego fuerte, los engañó.

A continuación se dispuso a guisar. Limpió y troceó el conejo, puso sobre los hierros la olla de hierro y con aceite de oliva sofrió la carne y añadió cebolla cortada y unos ajos con piel machacados. Preparó un plato de tomates maduros rallados y los echó para que frieran bien.   Peló los pimientos rojos que previamente había asado sobre las brasas. Los desmigajó a tiras y los metió en la olla junto con el azafrán tostado, unos tomates secos previamente hidratados en agua y los caracoles hervidos con un poco de su caldo. A continuación un buen puñado de hojas de hinojo tiernas encima del guiso. Medio tapó la cazuela y dejó que con poco fuego fuese cocinándose. Cuando faltaban veinte minutos añadió las patatas rotas y puso una guindilla entera y probó de sal. En 45 minutos estaba todo listo. Sacó del fuego, dejó reposar y sirvió en cada plato de todo un poco.   

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